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viernes, enero 13, 2012 a las 9:33:00 | 0 comentarios
Una frase que escucho con una frecuencia inaudita en forma de comodín todopoderoso con poder para justificarlo todo es la siguiente: "es que es mi opinión y tienes que respetarla". ¿En serio? Es decir, en nuestro país tenemos un vicio muy malo que es opinar de lo que no tenemos ni idea. No me refiero a opinar de lo que sabemos poco, sino a opinar de temas que nos son tan ajenos como el método Dukan a un elefante. Y lo peor es que nos creemos que es nuestro derecho y que tenemos el derecho a defenderlo a ultranza. No estoy diciendo que volvamos a los años cincuenta en los que los argumentos de autoridad estaban por encima de cualquier otra idea. Parece que los españoles no sabemos sino vivir en un extremo o en otro.

Sin embargo, una opinión que surge de la nada no tiene razón de ser. Hay que tener en cuenta que prácticamente todo lo que pensemos ya ha sido pensado antes y, no sólo eso, sino que hay gente que ha dedicado media vida a desarrollar ideas relacionadas. Entonces, ¿de verdad la opinión de una persona que no lee libros desde la ESO es igual de válida que al de alguien que invierte un porcentaje de su tiempo en informarse? Pensar así es absurdo.

Y esa es otra falacia que la gente tiende a tomarse al pie de la letra. Con un orgullo nacido de la nada, cuando una persona acaba de escupirte a la cara una opinión sin ningún fundamento ni concierto ni base científica ni lógica alguna, si tú tienes la osadía de decirle que su opinión es absurda (o la versión menos educada pero más ilustrativa "eso es una gilipollez") se ofende. ¿Por qué? Si uno no dice más que lo primero que le pasa por la cabeza es lógico pensar que alguna gilipollez va a soltar y, en contra de lo que debe pensar la mayoría de la gente (quizás demasiado influenciados por Forrest Gump), decir gilipolleces no te convierte en gilipollas y decir cosas absurdas no te convierte en una persona absurda. Todos tenemos momentos de lucidez y momentos en los que nos merecemos ser sumergidos en un charco de barro. ¿De verdad es tan difícil admitir esto y tan fácil que cualquier chorrada con que se nos ocurra malgastar una bocanada de aire sea un argumento respetable digno de ser tallado en granito para que las futuras generaciones puedan admirarlo?

El problema está en una mala interpretación del concepto "libertad de expresión". Parece que con esa premisa, podemos decir cualquier cosa y el derecho automáticamente lo equipara con cualquier teoría científica desarrollada con el paso de los años. Pues el derecho a la libertad de expresión hay que ganárselo. Si para corroborar una idea hay que estudiar años, para falsarla hay que seguir un procedimiento similar. Una opinión vacía no vale nada. Sin datos, argumentos, conocimiento sobre la materia... una opinión vale menos que nada. Al menos la nada no es dañina que el intelecto. Pero es más fácil mover la lengua que las neuronas y así nos va. Utilizamos el concepto "democrático" como un escudo para nuestro orgullo y eso no puede acabar bien.

Por supuesto, con esto no digo que haya que ejercer ningún tipo de fuerza especial contra la gente que no piensa. No respetar las opiniones infundadas no quiere decir que haya que perderle el respeto al que la dice, simplemente no tener en cuenta su opinión hasta que aprenda a sostenerla con argumentos válidos. Y por válido no me refiero a que estén en consonancia con su interlocutor, la sociedad o el Papa, sino contrastados y apoyados mínimamente en datos.

Supongo que es un problema social y educacional. Así que echando un ojo a la televisión y a los recortes en la educación dudo mucho que la situación cambie a corto plazo. Una lástima, porque aunque decir gilipolleces no te convierta en gilipollas, acostumbrarse a encumbrarlas como doctos argumentos omnipotentes conduce irremediablemente a una espiral de gilipollez.

Idea alegre: he pesando mucho este post. En serio.
Publicado por Carlos L. Hernando Etiquetas:
miércoles, noviembre 02, 2011 a las 21:29:00 | 1 comentarios

Estaba yo sin saber sobre qué diablos escribir que estuviera relacionado con este plano de existencia cuando me he encontrado un gráfico muy bonito en el diario El País. Es bastante grande, por lo que no quedaría muy bien aquí encajado. Pero el poder de la hipertextualidad digital me será útil una vez más.

http://www.elpais.com/elpaismedia/ultimahora/media/201110/28/20111028elpepu_1_Ges_SWF.png

Me pregunto si el link caducará. Por si acaso guardaré una copia. Nunca se sabe si tendré que resubirlo. Es un gráfico muy bonito y bien estructurado, mis felicitaciones al equipo de infografía de El País. Los datos son de la ONU, así que a priori podemos fiarnos de ellos y de cualquier forma no hay muchos estudios demográficos de tal envergadura que no provengan de la ONU o de una de sus suborganizaciones.

Lo bueno del gráfico es que son datos geniales para entrar a plantearnos numerosos temas, así que quizás pueda explotarlo para alguna entrada en la que no estuviera muy inspirado de base (como en ésta), convirtiéndolo en un auténtico salvavidas en las aguas procelosas que tengo dentro del cerebro. En serio, creo que eso explicaría muchas cosas.

Esta vez voy a ignorar temas económicos adversos para centrarme exclusivamente en un tema que a mí me encanta en el sentido de que en cualquier conversación distendida en la que se acepte el sentido del humor, todo es justificable apelando a la superpoblación. Pero el tema es serio. ¿7.000.000.000 de seres humanos? Puesto en número es incluso más espeluznante. Probablemente todo el mundo puede pensar el unos cuantos que sobrarían, aunque no lo reconozcan abiertamente. Todos tenemos ese lado oscuro imposible de anular por completo, pero que se puede mantener a raya.

Sin embargo, honrando a la abnegada organización que nos trae tan sobrecogedores datos, eliminemos el asesinato de la ecuación. Tanto legal como ilegal, porque cualquiera puede equivocarse y cada uno tenemos una opinión diferente de lo que justifica la muerte de alguien. Vale, ¿qué hacemos? Para 2050 se prevén 9.306.000.000 seres humanos hollando la Tierra. ¿De verdad so el único que ve que esto hay que pararlo como sea? Sobre todo teniendo en cuenta de que más o menos la mitad van a estar apiñados en Asia.

Control de población. Lo malo es que esto suena mucho a malo, a eugenesia, a Mengele. Sin embargo, la otra opción es consumir todos los recursos del planeta hasta que los seres humanos que queden se maten con palos y piedras por los míseros resquicios de comida que sobrevivan. Pero no se habla en lo medios de superpoblación salvo para verlo como un dato curioso. Me pregunto qué opinarán esas posibles personas muertas de hambre sobre la curiosidad de sus antepasados. Probablemente construirían máquinas del tiempo con la tecnología del futuro para torturarnos con los reality shows del futuro (no me quiero ni imaginar lo sofisticados en cuanto a podredumbre moral que serán en el futuro, una mente de esta época no está preparada). Pero no hay que preocuparse, sus recursos estarán agotados para cuando se les ocurra intentarlo.

Así que, sin temor a represalias de futuros viajeros temporales, todo se basa en nuestra propia moralidad a la hora de hacer las cosas. Es decir, estamos jodidos. Habría que buscar el método económico, pero esto es como la ecología en general, todo gastos a corto plazo. Muy difícil, así que, por ahora enfocaré mis propuestas hacia la acción. Los fondos habrá que buscarlos más tarde.

1. Mayor visibilidad en los medios. Pero visibilidad de la buena. La televisión, en particular, es especialmente buena para mostrar la desgracia humana en su máximo esplendor. Ya basta de que todo sea un dato curioso sobre lo adorable que es el bebé siete mil millones. Hay que crear la historia del bebé nueve mil millones y como no tiene ni comida ni bebida ni nada y que nazca en Europa o en EEUU. Por alguna razón somos inmunes a las desgracias en otros lugares.

2. Mantener y blindar o crear cuando se necesite legislaciones sobre el aborto y la eutanasia. La parte mala es que son temas muy controvertidos, pero en occidente cada vez están más aceptados. No entraré en disquisiciones morales, pero sin abortos tendríamos todavía más problemas y hemos llegado demasiado lejos, llegará un momento en el que el aborto se producirá de forma natural al poco del destete por la falta de alimento. En cuanto a la eutanasia, todo el que se quiera sacrificar por el bien de la especie será un héroe y será recordado como tal. Además, la gente con enfermedades que lastran sus existencias vive un infierno en vida, lo que haya después no puede ser mucho peor.

3. Educación. Sí, eso que se están cargando los políticos. Es muy importante concienciar a al gente no sólo desde los medios, sino con un enfoque social y cientifista cuando aún son niños. Especial atención a las mujeres en países pobres para que tengan más independencia y puedan decidir por ellas mismas.

4. ¡Condones para todos! Ésta será la favorita de muchos. Esto es más para los países pobres, ya que allí escasean. Sin embargo, parece que muchos jóvenes de occidente no logran ponerse la gomita a tiempo. Igual habría que probar con la eutanasia con estos...

5. Control de la población autoritario. Ufff... éste sí que suena mal. Pero en China les está funcionando... más o menos. La idea es limitar las concepciones, así de simple. Un organismo internacional supervisado por la ONU podría usar los datos que tan bien han recogidos y determinar el número de hijos permitidos por región. Si uno quiere más hijos, que se mude a una zona despoblada. Esta medida, a parte de ser controvertida, requeriría el apoyo de todos los gobiernos del mundo. De la mayoría, al menos y sobre todo de India y China, por razones obvias. Aquí ya se pueden buscar las variantes que se quieran, como la Lotería de reproducción de la novela de Larry Niven, Mundo Anillo. La lotería ya es popular, ¿y si el premio fuera poder tener hijos? Interesante enfoque que serviría de autofinanciación para el proyecto.

Para haberlo pensado en un momento no están mal. Cinco propuestas compatibles entre sí. Hay que tener en cuenta que las poblaciones que no sean reguladas de forma inteligente lo acabarán siendo a base de tiros. Una constante universal del ser humano a la que deberíamos poner fin. ¿Inmoral controlar la población? Quizás, pero no más que poder prevenir una guerra y no hacerlo. Con esta frase acabo de llamar inmorales a millones de políticos, banqueros y empresarios de todas las épocas de la historia casi sin darme cuenta.

Idea alegre repetida: el gráfico es muy bonito

Idea alegre 2: sí, es estúpido no hacer nada cuando aún estamos a tiempo.

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lunes, septiembre 24, 2007 a las 4:28:00 | 25 comentarios
En mi post anterior me fijé en el sospechoso parecido entre el "3" de Spiderman 3 y Playstation 3. Todo resultó ser una estrategia comercial por parte de sony, dueña de ambas marcas. Lo curioso es que hagan juegos de Spiderman 3 para otras plataformas (Wii, NDS, X360). Supongo que saldrá más rentable. Poca gente compraría la Play por este juego en particular.

Inevitablemente, esta línea de pensamiento me llevó a acordarme de los plagios. Esa forma de aprovecharse del trabajo ajeno para sacar beneficio. Hoy en día está muy de moda hablar de plagios, demasiado incluso. ¿Qué postura es la correcta? Porque claro, siempre están los "homenajes". Sin embargo hay gente que ve dos libros sobre gente que anda y lleva espadas y en seguida salta con plagios al Señor de los Anillos. Pero por supuesto, el género humano es capaz de llevar cualquier absurdicio al siguiente nivel gracias a esa energía renovable e increíblemente volátil que es la estupidez. Siempre acaba saliendo en el blog por unas o por otras, lo cual no hace más que demostrar una y otra vez su universalidad. Aquí está el caso más estúpido de plagio que he visto nunca. Es difícil de superar así que lo voy a enmarcar en una cita, siguiendo (o, ¿por qué no? plagiando, que de eso va el post) mi propio estilo a imagen de las indefinibles declaraciones de Antonio Navarro Armas en mi post más largo. Y es que las declaraciones de una persona estúpida siempre son el camino más rápido para acercarnos a la estupidez:

“Cuando mi número de la Seguridad Social está puesto al revés en su totalidad, es una palabra codificada que muestra el nombre"Google".”
Dylan Jayne, Nº de la Seguridad Social 166-70-6077

¿Alguien es capaz de "poner del revés" ese número para que aparezca la palabra Google? En serio, llevo un rato intentándolo. De hecho, he cogido la calculadora para probar utilizando el clásico juego para pasar las aburridas clases de secundaria de "escribir números y darle la vuelta al aparato para ver qué pone" para inspirarme y ni por esas. ¿Estará codificado en binario? ¿Estará codificado en estupidario? El único número que funciona con el truco de la calculadora es 379009. Lamentablemente, los DNIs tienen más números. Pero me estoy desviando. Obviamente, hacer ese comentario no tendría que ser síntoma de estupidez por sí mismo. Una borrachera le puede jugar una mala pasada a cualquiera. Sin embargo, el tipo ha demandado a Google por la desproporcionada y obscena suma de cinco mil millones de dólares. O puesto en números para aumentar su espectacularidad, 5.000.000.000 US$. Efectivamente, el tipo es estadounidense y la denuncia ha sido sellada por un "tribunal" (llamémoslo así). La demanda tampoco tiene desperdicio ya que está redactada a mano (estaría bien que se pasara por aquí un grafólogo a dar su opinión) e incluye la dirección por si alguien quiere hacerle una visita e intentar dirigir un vector de estupidez hacia sus propios intereses.



Al menos este acto de estupidez no dañará a nadie excepto a aquel que lo ejerce, ya que podría enfrentarse a una multa por uso indebido de la justicia. Aunque no me extrañaría nada que no se la pusieran, pues en EEUU se han visto cosas muy raras. Mención de honor tienen los Premios Stella, que recogen las demandas judiciales más estúpidas de cada año por aquellos lares. sin duda Dylan Jayne es un candidato claro a la siguiente edición. Aunque todavía estoy esperando a que alguien demande a su hermano gemelo por plagio.

Idea alegre: No tengo ni idea de la apariencia física del amigo Jayne así que he recurrido a la Rana Gustavo en uno de sus terapéuticos ataques de epilepsia para enmarcar la cita.

Idea alegre 2: Tanto plagio me ha traído a la cabeza a esa gran organización que protege a los autores de que sus obras corran peligro, la SGAE. ¿Estaré siendo irónico? Eso para el siguiente post, por ahora os dejo con el peligro que supone "posicionarse a favor del plagio". LINK. Y eso que Ramoncín no pertenece a la Familia Real.
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jueves, septiembre 13, 2007 a las 13:35:00 | 8 comentarios
Tras casi un mes sin escribir (lo cual constituye el parón más corto de mi historia bloguera) vuelvo con un pequeño post, preludio de uno de los largos al que estoy dando vueltas. Además de largo será un tanto polémica, pero como diría mi compañero y amigo Javier "Hay que ver lo que te gusta la polémica". Por ahora os dejo con una pequeña reflexión en forma de microrrelato. El texto no es nuevo, fue publicado el año pasado en el Efímero Nº88. Os recomiendo la web, es un ezine de microrrelatos creado por el genial Santiago Eximeno, además de una editorial online de escritos y juegos de mesa. Pero basta ya de publicidad. El relato es una reflexión acerca del extraño funcionamiento de la popularidad mediática, aunque puede extrapolarse a otros campos. Por supuesto, la estupidez es uno de ellos. Que cada uno saque sus conclusiones.

Plantas hay muchas, pero ésta era especial: tenía las hojas azules. No se trataba de una rara especie tropical, ni siquiera de un experimento de laboratorio; simplemente se las habían pintado. Esto había anulado su capacidad para desarrollar la fotosíntesis, pero a su vez la había convertido en una obra de arte. Tuvo éxito y, en una subasta, fue vendida por la increíble cantidad de medio millón de euros. Perdió la vida, pero alcanzó la fama.


Muy sencillito. A pesar de ello, tuve que escribir cinco versiones antes de quedar mínimamente conforme con él. ¿Merece la pena perder una parte de tu ser por ser admirado? Norma Jean, murió como lo hizo la planta. se convirtió en una leyenda, pero no estuvo allí para disfrutarlo, de hecho no fue precisamente feliz al final de su vida. ¿Merece la pena gastar cantidades obscenas de dinero por una obra de arte cuando ese mismo dinero podría salvar vidas? Pregunta que se agrava si encima no te gusta el arte moderno, ampliamente criticado por su interés hacia crear emociones en vez de estética. Sí, a mí me gusta el arte moderno, pero sigo sin ver lógico la cantidad de dinero que se invierte en él. Aunque peor es lo del fútbol, pero eso ya para otro post. ¿Merece la pena venderte? Yo opino que no, pero todavía no he sido tentado adecuadamente. Espero seguir siendo yo mismo si se presenta la situación.

Idea alegre: La de tontunas que saco a partir de seis líneas mal contadas. Por cierto, el título del post es también el título del relato.
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lunes, agosto 06, 2007 a las 2:02:00 | 4 comentarios
Bueno, allá voy con mi cuarto post. Y según va tomando forma en mi cabeza me doy cuenta de que si el blog sigue adelante tendrá un contenido más bien ecléctico. Todo depende de mi fuerza de voluntad. Por ahora aquí va un post larguejo.

En primer lugar y a riesgo de encasillarme, los incendios siguen siendo una lacra que se repite cada verano. Pero no se le puede echar la culpa al fuego. Al fin y al cabo, uno no puede intentar razonar con las fuerzas de la naturaleza. Eso me lleva a una interesante, aunque inquietante reflexión a la luz de estas declaraciones:

"Mi contrato de tres meses como guardabosques vencía el 30 de septiembre así que decidí provocar un incendio para que las autoridades extendieran mi contrato."
Antonio Navarro Armas, 37 años.



Dichas declaraciones pertenecen al autor material del peor incendio de la historia de Gran Canaria. O expresado en cifras: 3.500 hectáreas quemadas. La reflexión de la que hablaba antes es sencilla: la estupidez es una fuerza de la naturaleza más. Y ni siquiera es una fuerza nueva. ¿Cuántas muertes se ha cobrado la estupidez a lo largo de la historia? Sería interesante confeccionar un gráfico comparativo entre tornados, inundaciones, incendios, etc. y estupidez. Lo haría yo, pero creo que sería una actividad tan deprimente que animo a cualquiera que me lea y se considere muy feliz a hacerlo, para ver el otro lado de la moneda de vez en cuando.



Tenemos así una constante que se repite una y otra vez a lo largo de la existencia del ser humano. Veamos, si no se puede razonar con las fuerzas de la naturaleza, ¿qué se hace normalmente para evitar que nos destruyan? Bueno, sin alejarnos del ejemplo del fuego: se crean cortafuegos, se crean cuerpos especiales para apagar incendios e incluso se lanzan hombres rana desde el aire para que colaboren con la extinción...

Sin embargo, ¿qué hacemos con la gente lo suficientemente estúpida como para no saber valorar entre su empleo y el potencial poder destructor del fuego? Es más, ¿cómo se identificas a alguien así? En este caso, se supone que el infeliz tenía que apagar incendios, no iniciarlos. Existe también el problema añadido de que la estupidez se contiene en el interior del cerebro humano. Generalmente, el cerebro está contenido en una persona física (como diría Hacienda), la cual tiene ciertos derechos. Es decir, sería un tanto inconstitucional aislar la estupidez o crear una policía antiestúpidos. Ni siquiera creo que haya submarinistas suficientes en el mundo como para lanzárselos a todos esos contenedores de estupidez que permanecen ocultos entre la población sensata e inteligente. Aunque según pasa el tiempo, empiezo a creer que son estos últimos quienes se mimetizan en un entorno repleto de estupidez para evitar que la cadena trófica de la incompetencia les convierta en una presa fácil para esa bestia alimentada con telebasura y colesterol que es nuestra sociedad.

Pero volviendo al tema de cómo prevenir esta enorme fuerza de destrucción indiscriminada, creo que hay pocos métodos no totalitarios para atajarla. Por otra parte, cualquiera al que el preguntes qué hacer con nuestro amigo (nótese que la cursiva denota un sarcasmo que se sale del gráfico) propondrá medidas que van desde hacerle replantar bosques toda su vida a una serie de torturas increíblemente sádicas y desagradables que incluyen una gran cantidad de fuego (por eso del ojo por ojo, supongo). Pero, dejando a un lado la justicia o la venganza, ¿sería útil? ¿Evitaría nuevas catástrofes? Sinceramente, creo que no, porque las fuerzas de la naturaleza no escarmientan. Quizás un par de estúpidos (llamémoslos estúpidos Nivel 1) lograran comparar pros y contras para darse cuenta de que al ser estúpidos es probable que el incendio se les vaya de las manos. Sin embargo, estúpidos algo más estúpidos (llamémoles deNivel 2), no tienen conciencia de su propia estupidez. Algunos llegan incluso a vanagloriarse de ella confundiéndola con capacidad intelectual y potencia sexual. Por lo tanto, en sus mentes no cabe la idea de que algo pueda salir mal. Creo que dedicaré algún otro post para crear una clasificación más específica sobre la estupidez y los interfectos que la esgrimen con impunidad por el mundo.

Hablando un poco más en serio, ni siquiera sería un estímulo positivo, el miedo nunca lo es. Aunque a veces uno se plantea si no merecerá la pena el miedo, cuando la alternativa es ésta. El egoísmo y la codicia actúan como catalizadores de la estupidez. Ahora hablamos de un incendio que pretendía ser pequeño. Sin embargo, gente desalmada quema bosques todos los años por fines meramente económicos. Con lo que el problema es más grave aún. Alguien podría decirme llegado a este punto que saco demasiadas conclusiones a partir de un solo incendio. En realidad no. He elegido éste por ser actual y muy ejemplificador acerca de cómo el intelecto humano tiende a estar sobrevalorado. Para demostrarlo, adjuntaré unos interesantes y aleccionadores:

  • Datos del Ministerio de Medio Ambiente:

- Los incendios ocurridos en 2006 hasta el 31 de marzo han sido 1.199, a los que hay que añadir 1.472 conatos (incendios inferiores a una hectárea).

- La media del decenio ha sido de 2.449 incendios anuales y de 2.668 conatos por año.

- La superficie forestal quemada en 2006 ha sido de 12.178,6 hectáreas hasta finales de marzo.

- La media de la última década alcanza las 26.663,1 hectáreas.

  • Causas de los incendios:

- Intencionados, 58,28%

- Negligencia, 16,66%

- Por un rayo, el 4,1%

- Reproducción, el 1,1%

- Origen desconocido, el resto.

Estos datos y algunos otros (que no dejan de tener interés pero que alargarían demasiado el posthan sido recogidos por los chicos de 20 Minutos y se encuentran aquí)

Si sumamos intención y negligencia obtenemos un 74,94% de estupidez. Por supuesto, igual que el incendio de Gran Canaria sirve para ejemplificar el resto de incendios forestales acaecidos en España, los incendios forestales en España sirven de reflejo a los del resto del mundo y estos a su vez como muestra de la estupidez humana de forma global. La estupidez se manifiesta de mil formas diferentes y hablar de todas necesitaría un blog específico. Y una revista especializada. Probablemente alguien me robe esta última idea y se forre a mi costa. Si así fuera espero que al menos me ofreciera un puesto como colaborador. Esta sí es una lícita forma de buscar empleo. Probablemente tenga el mismo resultado que la intentona de Antonio Navarro Armas, pero yo no necesité quemar ninguna isla para ello.


Bueno, bueno, bueno. Creo que le estoy cogiendo el gustillo a esto de los blogs. Llevo intentando parar de escribir hace varios párrafos así que intentaré ser breve con la inevitable conclusión. Y qué mejor forma de acabar que ofreciendo no una, sino dos posibles soluciones al problema.

Teniendo en cuenta que la estupidez es probablemente la fuerza de la naturaleza más variada de todas y tiene una peculiaridad: lucha contra sí misma. Sólo hay que estar atento a cualquier discusión mundana. El 90% de estas no se basan en intentar hallar la verdad sino en convencer al otro de que la estupidez propia es real y no producto de nuestras infraexplotadas neuronas. Mi primera idea consistiría pues, en combatir la estupidez con la estupidez. Puede parecer una idea compleja. Incluso estúpida, pero precisamente de eso es de lo que se trata. La mejor forma de imaginárselo es con un diagrama de vectores. Un vector es básicamente una flecha. Pero a los matemáticos les gusta complicarse la vida (y gracias a Dios porque si no, no tendríamos ordenadores ni otras muchas cosas con lo que probablemente tendría que estar escribiendo esto en la vejiga de un cerdo al cual acabo de degollar y destripar para dar de comer a mis hijos (no tengo hijos, pero sin matemáticos lo más probable es que a mi edad ya los tuviera (¿alguien había visto alguna vez un paréntesis dentro de otro paréntesis?))) y nos hablan de módulo, la longitud del vector, dirección (que es la misma que la de la recta que forma la flecha) y sentido (que es hacia dónde apunta la flecha). Pues se supone que sumando y restando vectores se puede alterar su dirección, sentido y módulo. Es más, dos vectores de igual módulo, dirección y sentido contrario se anularían. Creo que la idea está clara, controlando la estupidez podríamos llegar a redirigirla hacia campos útiles ,como la producción de energía renovable y barata, o anularla completamente.


La segunda idea también tiene que ver con la producción de estupidez. Antes me he metido con la telebasura. Sin embargo, puede ser una ayuda inestimable para evitar que la estupidez tenga efectos dañinos. Aunque la telebasura fomente la estupidez también anula la imaginación. Lo más probable es que una exposición prolongada evite que las ideas peregrinas florezcan. Lo más probable es que las ideas sensatas también. Pero casi nada es gratis en esta vida. Por otra parte, aquellos que se logren retener algo de imaginación podrían ser utilizados para crear novedosos Reality Shows con los que potenciar la idiotización masiva del personal hasta que todo el mundo se convierta en un dulce corderito.

Y lo voy a dejar aquí. Un abrazo fuerte a todas las víctimas de los incendios forestales pasados, presentes y, lamentablemente, futuros. A mí también me tocó cerca hace un par de años. Espero que la ironía sirva para algo.

Idea alegre: No hay idea alegre.
Publicado por Carlos L. Hernando Etiquetas: , ,
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